domingo, 15 de septiembre de 2013

Cuando amar tiene sentido (3ª parte)



Aut: Masnadamas.blogspot.com
Que vivimos en la circunstancia y nos debemos a ella es toda una evidencia. Ello explica en gran parte nuestros cambios, nuestras evoluciones, nuestras trayectorias unidas a decisiones a lo largo de la vida. En lo que al amor respecta, no lo es menos. Pocos, salvo fracasos mantenidos  o relación prematura hubieran optado hoy por la pareja que compartieron en su adolescencia .Creo que en eso nos mantenemos, desarrollamos y evolucionaos sobre las bases biológicas que subyacen al amor y los factores psicológicos a los que afectan pero con los años redirigimos las relaciones más personales , los  “idilios” , afortunada o



desgraciadamente, a la satisfacción de otros aspectos más  pragmáticos lo reconozcamos o no. La popular frase “contigo pan y cebolla” no es tan fácil de asumir aunque en el fondo pensemos en compartir “nuestra vida” con alguien capaz de estar en lo bueno y en lo menos bueno, capaz de sacrificio, de entrega si esto es necesariamente, mutuo. Cuando la atracción física, la libido y el deseo se encuentran satisfechos  siempre hay un “algo más necesario” para hacer sólida y consistente una relación. Atraer es relativamente fácil. Mantener y eternizar la atracción requiere mucho más y esa es la consistencia que inconsciente y constantemente buscamos en el otro / la otra . Al margen de los instintos y de la perspectiva biológica de la reproducción como fin además de la capacidad de mantenimiento de la prole necesitamos previamente estabilidad y seguridad en otros ordenes, entendidas de diferente forma en chicos y en chicas. La verdad es que no tendemos a encontrar o buscar a alguien idéntico a nosotros aunque los parecidos nos mueven. Los parecidos físicos encuanto a atractivos y los parecidos en aspectos de inteligencia, cultura, costumbres, ideales, valores, objetivos, proyectos……

Aquello de los polos opuestos siempre me pareció poco consistente aunque retador, tiene su puntito de morbillo, lo cual le aporta atractivo pero a la vez enormes posibilidades de discrepancia  continua y pronostico de fracaso. Creo que no se trata de ser totalmente diferentes ni totalmente iguales sino complementarios como piezas de puzzles En definitiva, creo que chicos y chicas encontramos relevancia en cuestiones diferentes a la hora de decidir una relación en el tiempo. Siempre pensé que el atractivo que ellas buscan en nosotros no es el simple estándar de belleza que a todas cautiva si no el atractivo social, como somos vistos, por como nos comportamos y como se comportan con nosotros, por nuestras actitudes, interacciones y por como somos aceptados y como manifestamos nuestra propia aceptación, nuestra autoestima .Mucho de eso tiene que ver con el encanto personal de algunos personas cando la naturaleza no le ha dotado para desfilar en Cibeles o ser portada de revista. Somos más “amados” por lo que aportamos que por lo  que parecemos, por nuestras cualidades humanas que por la expresión de nuestra arrolladora mirada, los labios carnosos y el “trasero” respingón. Lo cual, para consuelo de mayorías, demuestra que belleza y amor no están directamente relacionados por necesidad. La química que desencadena el amor no esta solo en los procesos que subyacen a la práctica de la sexualidad si no en la excitación que provoca la relación con esa persona, una caricia, una mano asida, una mirada o el tsunami de un beso sentido, deseado y buscado; en el anhelo y el deseo de unos brazos para rodearte y en la suave caricia de unos

labios al amanecer, en el suave tacto de su pelo y en todo cuanto sientes cuando estas con ella o con él. No se ama si no se es capaz de amar en el tiempo por que el amor romántico (condimento indispensable para mantener y prolongar el vínculo) , el amor apasionado y las mariposas en el estómago que generan requieren  ser alimentadas. Amar significa predisposición a “estar”, respetar, comunicar, perdonar y compartir. Amar es deseo de dar, con la conciencia de estar recibiendo más de lo que aportas. Todo lo demás nos genera lazos débiles que un simple resfriado sentimental acaba matando

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