jueves, 12 de septiembre de 2013

Cuando amar tiene sentido (2ª parte)



Y en aquel hervidero de hormonas sentenciaba mi abuela :¡¡Ya sentarás la cabeza!!, … y la verdad es que nunca tuve muy claro su pronóstico aunque si su sentido. Me hacia gracia que en la evocación de  “otros tiempos”  ella solía suspirar. ¿Cuántas palabras calladas contendrá el silencio de un suspiro?  Imagino que será por la huella que las  experiencias emocionalmente apasionadas e intensas dejan como testigo de un volcán en cuyo interior quedó un corazón lleno de recuerdos; sensibilidades que a modo de surcos dejan la huella de la edad entre cuyas arrugas se cobijan los sueños vividos.
Amar siempre tuvo sentido cuando realmente se ama. Amamos de forma semejante por 

razones diferentes también  por que sentimos de forma diferente: la edad, los tiempos, las costumbres, las circunstancias, la educación recibida, los modos o modismos sociales, los entornos, las primeras experiencias y las emociones indefectiblemente unidas a ellas contribuyen a diseñar nuestra peculiar trayectoria e historia de amor. Historias plagadas de luces y sombras, de amores y desamores, de pasiones y decepciones, de sabores y sinsabores. Recordábamos en la primera parte de esta serie “cuando amar tiene sentido” como surgían y quizá el por qué y el como, las primeras relaciones, incipientes, ingenuas pero sencillamente “bonitas” en ese especial significado y sentido en que esta palabra es difícilmente superable. Con el tiempo, recordando nuestra más tierna adolescencia siempre te acabas preguntando si no es realmente aquella sonrisa inocente e ingenua que esbozábamos y perdimos lo que después buscamos obstinadamente  el resto de nuestra vida  Siempre pienso en el enorme poder de la mirada. El cine, la poesía, la música, …se han hecho eco desde siempre de su importancia .Nos acaba atrayendo más una mirada cómplice que una superescultura de piedra aunque en la fase de contacto y cortejo escaneamos a velocidad cósmica cada curva y cada recta de un cuerpo. La mirada es una ventana a la seducción, a la conexión, al contacto y a la interacción para comenzar a ver a alguien “con buenos ojos”.Abre efectivamente y para el tiempo pasillos a la relación (o las cierra ) pero también es siempre vehículo peculiar de “comunicación” para hacer fácil “decir sin hablar”. Las identidades y la complicidad dan buena cuenta de ello. .Siempre nos atraen las personas que se anticipan y comunican lo que pensamos o lo que sentimos y  además lo comparten al tiempo de forma ágil, fácil y rápida con nosotros. Cuando esa sensación es mutua nace la complicidad, un fenómeno (unido a la confianza) que siempre aportó velocidad y consistencia  a nuestra relación cuando –difícilmente- la encontramos.
Dábamos fin a nuestra adolescencia, tiempo de  corazones, talismanes, fetiches y promesas, que el tiempo y nosotros acabaríamos rompiendo para adentrarnos en las locuras de juventud donde descubrimos la evidencia de la más pragmática de las razones del amor: la biológica., el soporte junto a nuestros matices psicológicos y sociales de todas nuestras conductas. Lo que llamamos “las cosas del corazón” ,curiosamente son en realidad “cosas de nuestro cerebro “ cuyos procesos químicos subyacen a todo cuanto hay alrededor del amor mientras lo psicológico le da sentido y lo social lo corrige ,modifica y orienta . Buena cuenta de ellos está en la dopamina, la serotonina, la oxitócina y otras, algunas muy implicadas en algunos mecanismos vinculados al amor, la atracción, la excitación, el deseo y la sexualidad, el romanticismo, la melancolía, los besos.
Es innegable que la imagen física y su atractivo es seductor para hombres y mujeres. Paradójicamente, los chicos solemos sentirnos con más fuerza y frecuencia  atraídos por la belleza  de las chicas que ellas , mas pendientes  de matices como la masculinidad, la inteligencia, la forma de ser, la voz, la expresión, el rol social en el grupo, etc. Los flechazos nacen siempre aquí , a partir del primer contacto ,de la atracción mutua , compartida e inicial donde las ferormonas  tienen tambien mucho que ver. Sea como sea siempre fue difícil eternizar un flechazo sin la irrupción de lo romántico que realmente siempre pensé que es lo único que mantiene los vínculos y lo hace más sólidos e intensos mientras actualiza los recuerdos constantes en los que asociamos experiencias, emociones y satisfacciones. Quizá por esa razón nuestras historias de flechazos son escasas. O bien por que no existieron o bien por que se malograron o bien por que nos decepcionaron. La verdad es que no es oro todo lo que reluce y las apariencias en ocasiones engañan. La atracción física, la belleza no siempre tiene premio para todo el mundo y así es como nos vamos acercando a otros atractivos, mediante el conocimiento, que acaban por satisfacer nuestras expectativas, preferencias, necesidades y gustos donde elegir y construir amor con amor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario