domingo, 26 de mayo de 2013

Cohesión .Grupos y equipos (INTRO)




No suele ser usual conservar estrechos lazos de amistad, en el tiempo, entre la cantidad de compañeros de trabajo con  que en unos y otros momentos llegas a interactuar y  el tiempo y la distancia se encarga de difuminar, sin ser consciente de ello, a lo largo de la vida. En el mejor de los casos un cumplido email por navidad, un mensaje, una petición de referencias o el sufrido teléfono suelen ser los últimos testigos capaces de avalar que un día os conocisteis.

Recuerdo que fue así cuando reflexionaba sobre esto. Recuerdo que la noche anunciaba su llegada y mientras desfilaban  a  mi lado, a modo de catálogo, las señales de tráfico e  indicaciones de la carretera de vuelta. La visibilidad se complicaba por la incesante lluvia que a modo de sirimiri y niebla rodeaban mi horizonte y decoraban el trayecto, mientras obligaban a una marcha más bien lenta, como si de un tramo de jungla de radares se tratara. La imagen se salpicaba de pequeños resplandores de las luces  en sentido contrario que con aspecto de feria se intercalaban entre los naranjas y rojos intermitentes.  En el interior sonaba de fondo una vieja gloria: “My way”. Parecía que los astros se hubieran alineado para ofrecerme un viaje a la melancolía que, por otra parte, en esos momentos no me desagradaba siempre que la situación no acabara siendo depresogénica. En mi habitáculo el desorden que otros llaman y el orden que yo confecciono cuando viajo y sé que el  trayecto es largo.

 Junto a mi, sobre el asiento: un “redbull de hiper lowcost” , un estuche con Cd´s, una botellita de agua y por supuesto algo de regaliz rojo, ¡¡ a ver¡¡ uno es así de extraño y aparentemente pueril ,aunque confieso en mi descargo que los “copilotos/as” suelen saborearlo más que el conductor, ¡¡ eso si ¡!, después de la preguntita capciosa y de rigor : “-¿Y esto?”-.

El GPS, como siempre, apagado. El último fue víctima de un ERE por sorpresa desde que, en el puente de San Pedro de Alcántara, en plena noche cerrada,  insinuara insistentemente que giraba a la derecha.


Volvía de un fin de semana sinceramente muy esperado que habíamos programado entre antiguos compañeros de trabajo. Encuentros de esos que aplazas mil veces y que echas de menos otras mil, amistades que descubres ,reales y sinceras, que teleconservas y cuya esencia nunca fue cubierta por el polvo del olvido que sobre las cosas distantes va dejando el paso del tiempo , el tropel de los acontecimientos y el devenir. Volvía con ese sabor agridulce de lo disfrutado y la sensación sinsentido de haberte despedido para mucho tiempo. Los “colegas” en la distancia , después de años tienen mucho que contarse, mucho que saber, mucho que conocer y… ¿por qué no? …quizá algo que disimular y ganas cómplices de compartir y disfrutar del encuentro.

 Tras los saludos , la alegría y la sorpresa de volver a encontrarnos .Las chicas, encantadoras y joviales como siempre (nunca sabré como lo hacen para burlar al tiempo) ; los chicos somos menos dados a la crítica expresiva ,constructiva o no ,de la estética pero era evidente que todos habíamos cambiado algo : las entraditas de sienes, las amenazas de calvicie , las arruguitas , las patitas de gallo ,y la barriguita cervecera de JuanMa  decoraban el muestrario “ fashion” ,casi inevitable de modelos ,sin olvidar a Diego ,que parecía conservarse en formol y seguía maltratándose a dieta “sana”, golpe de gimnasio ,ejercicios de meditación y pseudosoltería . Eso siempre le granjeo el  cariñoso apelativo de “Loreal”. (sigue….)

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