domingo, 17 de marzo de 2013

¿Quienes somos, como somos?



Transcurrieron pocos minutos, que cuando espero solo, se me hacen horas hasta que escuché el sonido de la puerta. La luz que atravesaba la cristalera no deja ver los detalles pero por la silueta la identifiqué inmediatamente. Con agilidad  se acercó a la mesa acompañada de la banda de música de sus tacones; después de buscarme entre la gente, me levanté  y nos saludamos, cruzamos un par de besos y como si de un manual de procedimiento se tratara nos distanciamos al unísono medio metro para comprobarnos físicamente como preámbulo al protocolario “¡¡ que bien estas!!”  Que en su caso mas que protocolario era evidente  Pidió un té verde, como siempre y después de interesarnos por todos los conocidos, chascarrillos, novedades, comentarios y bulos  y de dar un vuelo rasante y rápido por el tiempo transcurrido comenzamos a compartir experiencias, a ponernos al día como se suele decir.
Adentrados en el motivo real de su inesperada visita uno tiene la sensación de que al compartir situaciones aligeras el peso de las emociones, sensaciones y dificultades   que acarrean. El último proyecto de Julia no había sido el mejor y no hacen falta ser muy avispado para empatizar con situaciones y detectar que una de las peores sensaciones es la errónea decepción con uno mismo.
A menudo, muchas de esas situaciones provienen de decepciones a las que se suma nuestra sensación de indefensión o de abatimiento por la cascada de contradicciones que nos acarrean y la aversión implícita que nos reportan cuando asumimos que tomamos una mala decisión. Eso si, la decepción tiene el valor de un mal consensuado que parece que atempera sus efectos y nos inhibe de la capacidad de análisis ;  todo el mundo ha sido objeto o víctima de decepciones  en cientos de aspectos de la vida; amistades, relaciones afectivas, laborales, económicas ,familiares… con lo cual “mal de muchos consuelo de casuales” pero no es menos cierto que a veces , con mas frecuencia de la que pensamos dejamos de recapacitar en por qué hemos llegado a la decepción que también muchas veces elevamos a la categoría de frustración. Para ello solemos tomar el atajo de descargar el origen y la causa en los demás fruto de un mal concepto de nosotros mismos y un análisis defectuoso y equivocado de quienes somos y como somos, qué necesitamos y que buscamos.
Precisamente la respuesta a quien soy  define nuestro autoconcepto,  como nos vemos a nosotros mismos  y esas formas estructuran e influyen el modo en que vemos a los demás, como las percibimos y como las juzgamos.  En nuestras decisiones y en nuestra conducta y en cada relación  solemos valorar y juzgar antes a la otra persona se trate del proyecto que se trate Si no nos conocemos bien juzgaremos mal.
Cuando juzgamos la actuación de algún otro a menudo lo hacemos comparando  con nosotros mismos. Pero lo importante es conocernos bien, hasta que punto nos conocemos bien por que, a menudo, este  autoconocimiento es erróneo y por tanto nos lleva a juicios erróneos de los demás e incluso, también con frecuencia, los errores en nuestro autoconocimiento nos hacen desgraciadamente no saber realmente qué nos hace o no felices que en cualquier caso es lo que realmente buscamos.
Nos equivocamos al  predecirnos a nosotros mismos en muchas situaciones, llegando  a sorprender a  los demás e incluso a nosotros mismos. En las conversaciones sobre nuestras expectativas afectivas  ¿Cuántas veces hemos oído a nuestros amigos/as decir…” a mi me gustaría encontrar a alguien que me sorprenda?, pero no sabemos ni nosotros mismos en qué., ni como….o simplemente esgrimimos situaciones pintorescas o puntuales que con el tiempo no aportan garantía de felicidad.
Solemos equivocarnos mucho en la vida cuando nos atrevemos a predecir nuestra relación con alguien: relaciones afectivas, económicas, sociales., en cualquier caso de emprendimiento. Solemos entonces aplicar la lente de color rosa cuando nuestras expectativas a veces sin fundamento nos llevan a cambiar la necesidad por la realidad y al contrario. Lamentablemente muchas veces nuestro entorno más cercano  saben más de una de nuestras relaciones o de algunas, que nosotros mismos y eso nos suele gustar bastante poco por que nos lleva a la necesidad de aceptar que no nos conocemos como debiéramos.

2 comentarios:

  1. Seguirás escribiendo Rodrigo?

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    1. Pues....esa es mi intenci'on. Creo que puedo, creo que puedo generar contenidos para compartir con todos, me gusta aunque debo de confesarte ,ahora que no nos lee nadie,que solo llevo un mes y pico por aqui y como buen novato voy aprendiendo poco a poco. Estoy motivado a continuar escribiendo y vosotros me motivais m'as. Espero corroborar mis intenciones con el tiempo por que obras son amores y no buenas razones. Un saludo y gracias por tu comentario.

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