domingo, 31 de marzo de 2013

Decisiones y espera (y II)

Bien es cierto que en ocasiones el fracaso o el error son sobrevenidos y proviene de decisiones ajenas con las que interactuamos en la sociedad en la que nos desenvolvemos, a veces con escaso poder de decisión. Como puede ser  la pérdida de un empleo. Ante ello podemos:

-Esperar  a mejor momento y acabar en el arrastre del delta que se acumula al final del cauce caudaloso de crisis como esta, o

-tomar la mejor decisión para reincorporarse al mundo laboral, es decir…conocerse, conocer nuestros recursos personales y profesionales, preparar una mochila en modo expedicionario donde disponer de autoestima, resolución, determinación, motivación de logro, capacidad de decisión y resistencia, ponerse frente a un espejo, venderse a si mismo y comprarse “al contado” seguros de haber adquirido lo mejor del mercado para conquistar tu mejor sueño  o el penúltimo.

Abrir caminos donde debes de hacer notar que existes tal y como eres hasta que alguien sea capaz de ver lo mismo que tu viste en aquel espejo.

Y ponerse siempre a ello con decisión y determinación.

Recuerdo que en el transcurso de una conversación, una amiga, editora ella, me dijo: -“……en esta vida hay PRONTOS, TARDOS y NUNCOS”-. Aquella frase me hizo gracia y realmente venía a cuento. Con el tiempo pensé que casi es la mejor clasificación que he oído después de aquella lógica y natural de los dos  géneros. Aplicable a cualquier momento, situación y contexto y casi extemporánea, que de nuevo traigo aquí,  por la importancia de la AGILIDAD en las  decisiones en nuestra vida. Todos los días están llenos de ellas y todos las practicamos a veces de forma inconsciente. Con la experiencia traté de desarrollar esa graciosa taxonomía sin ser ajeno a los tintes de humor que conlleva y ,a pesar de ello, a la certeza del viejo dicho que rezaba : “entre broma y broma, la verdad se asoma”. Aquí os la dejo:

Los “PRONTOS” reaccionan con determinación, congruencia, juicio, análisis, decisión y resolución; eficientes y eficaces como cualquiera puede ser, si quiere, en sus ámbitos; motivados y alentadores. Los “TARDOS” suelen reaccionar en modo –a pedales- , poco ágiles, con análisis defectuosos, lentos, eficaces pero poco eficientes; llegan pero a la hora de cierre. Son la duda latente en cualquier grupo. Y por último los “NUNCOS” : elementos tóxicos en cualquier circulo y organización, se suelen ahogar teorizando , adictos al vaso medio vacío , con cierto predicamento ; suelen tener la primera palabra y para cuando sueltan la última, el resto se ha ido . Ineficientes e ineficaces, desmotivados y desmotivantes.

Hay objetivos que te esperan. Ahora te pregunto : ¿Tienes algo que decidir?, ¿a qué esperas? . Hazlo PRONTO.

Decisiones y espera (I)



Los tiempos que vivimos son tiempos de grandes y rápidos cambios ; inevitables y determinantes , que requerirán y requieren nuevos planteamientos y tomas de decisiones por cada uno de nosotros y por la sociedad en su conjunto. La determinación en seguirlos y anticiparnos para orientarlos es casi necesaria No es menos cierto ni menos importante la determinación y el control de las propias decisiones en el ámbito personal. Tomar una decisión que nos afecta  implica necesariamente conocerse, estar familiarizado con nuestros recursos reales; saber hasta donde queremos llegar y estar seguros de poder hacerlo, contar con los instrumentos necesarios aún a pesar de que las circunstancias no nos sean favorables, tratar de controlarlas para ponerlas a nuestro favor o utilizarlas en nuestro beneficio y evitar los agentes tóxicos que a nuestro alrededor impiden cualquier intento o nos desmotivan o nos controlan en forma de críticas o vacíos , a veces de dudoso origen:(amigos, compañeros, conocidos, familia, círculos sociales..). Nada hay mejor que creer en uno mismo por que eso reporta autoestima (base de la motivación de logro para cualquier objetivo) y dota de libertad para planear nuestra propia vida o cualquiera de sus aspectos en cualquier momento (vida social, afectiva, familiar, laboral).  Elaborar tu sueño requiere planificar el itinerario de su conquista sin expectativas imposibles y en pequeños pasos ,minimizando así la irrupción fácil de algún fracaso en el camino. Después solo hay que interiorizarlo, hacerlo propio defenderlo y empeñarse ,en un gesto hostil, por no caer en el desánimo al que a veces nos lleva la desesperación por lo que no acaba de llegar.
 Pequeños o grandes contratiempos en la vida: una ruptura sentimental, la pérdida de un empleo y tantas otras son inevitablemente -errores u oportunidades- y en cualquier caso, ambos a la vez.

Ante un fracaso que en realidad no es más que un error que corregir y del que aprender, podemos:

Esperar a que “pase la tormenta” (que seguramente acabará con nuestras posibilidades y dejará en encefalograma plano muchas expectativas);

O analizar las causas de nuestro error, asumir el error y las responsabilidades propias, visualizar la nueva situación, guardar lo que de bueno siempre hay en cualquier experiencia, desechar la basura que todo fracaso o error produce, enterrarla en el pasado, que nada nuevo nos va a enseñar, y aprender de ello, incorporarlo a nuestro aprendizaje, levantarse y tomar una decisión que nos lleve a nuestra meta. Ponerse frente a un espejo, venderse a si mismo y comprarse “al contado”, seguros de haber adquirido lo mejor del mercado para conquistar tu mejor sueño.

viernes, 29 de marzo de 2013

Optimismo y metas





Siempre me pregunté por qué nos cuesta tanto decidir a veces, por qué algunas personas parecen tener claro todo y otras no tanto, por qué mostramos actitudes distintas ante problemas aparentemente semejantes, por qué parecemos ahogarnos en vasos de agua y por qué mostramos una facilidad tremenda para juzgar y sentenciar los problemas y las dificultades ajenas y anticipar juicios mientras somos tan generosos con los propios. Siempre pensé que las dificultades de la vida son solo eso, problemas que nosotros dilatamos mientras no resolvemos y determinamos y vamos aliñando poco a poco al tiempo que los rumiamos, removemos y removemos cual si de una enorme y amorfa masa de croquetas se tratara. 
Luego, uno percibe que existen tres tipos de individuos:
-Los que creen que uno controla todo su destino, los que creen que nos debemos a situaciones y circunstancias externas y los que piensan que todo cuanto nos ocurre  proviene de una mezcla entre nuestro control de la propia vida y las situaciones y circunstancias del entorno que la influyen y la moldean, incontrolables, inesperadas y con resultados mejores o peores.
Los primeros suelen ser personajes de más o menos logros o pequeñas metas  alimentadas de éxito,  pequeños éxitos que lógicamente han reforzado su autoestima, su autocontrol y su determinación.  Lamentablemente estos deterministas creen en la verdad absoluta y su “sobreretroalimentación” los lleva a encontrarse siempre en ese nomenclatura de personas que “-ocurra lo que ocurra, siempre lo veían todo venir”- convirtiéndose a veces en futurólogos del pasado.¿Quien no ha tenido o tiene alguno cerca?. Es todo un clásico.
 No menos clásico es aquel que se siente como “mensaje en una botella” navegando en un enorme océano donde lo mismo recibes una multa de tráfico que una bonoloto de seis más el complementario. Sujetos de baja autoestima, de educación o experiencias vitales en entornos controladores o víctimas de indefensiones aprendidas , incapaces de elaborar respuestas o de emprender.
Hace mucho tiempo decidí acomodarme entre ambos, consciente de que los primeros olvidan que la verdad absoluta no existe y que cualquier verdad que separamos de su verdad completaría (circunstancias) es simplemente una verdad a medias o lo que es lo mismo, una mentira a medias ; consciente de que los que creen que somos dueños absolutos de nuestro destino olvidan quizá ,también, por falta de experiencia suficiente (afortunadamente)  que muchas dificultades y problemas en la vida no son sino el fruto de situaciones de presión, aversión y opresión que generalmente son ajenos y difíciles de controlar  y que si no nos damos cuenta de ello caemos en el vicio de culpar a las personas por sus fracasos.
No somos, por contra, hojas de otoño que el viento mueve a su antojo. Nos trazamos metas, objetivos que nos reportan felicidad, metas a largo plazo y pequeñas metas cuya conquista nos ayuda a perseverar en la búsqueda de sueños, que son lo verdaderamente importante sin perder la perspectiva de que los mas grandes éxitos y las peores decepciones nacen siempre de grandes expectativas y grandes sueños cuya conquista siempre reporta riesgos. Todos nos equivocamos pero eso nos debe de animar a persistir, a no resignarnos y a pisar sobre nuestros fracasos para seguir nuestro camino, nuestro sueño.
En cualquiera de los casos poseemos una herramienta fundamental que muchos olvidan emplear: el pensamiento positivo, enfrentarse a las adversidades con optimismo, con autoconfianza, con fuerza. Plantearse metas pequeñas y progresivas cuyas conquistas alimenten el positivismo  necesario para llegar a nuestros sueños. Sentirse capaz de algo es importante e imprescindible pero no suficiente. La autoestima se alimenta de éxitos y esos son los que debemos de ir arañando poco a poco  sin caer en la sobrestimación de que uno puede comerse el mundo de una dentellada y digerirlo todo en modo siesta en el mismo día.

domingo, 17 de marzo de 2013

Decepciones y ocasiones (ll)



Acertaríamos más si pensáramos y nos basáramos en nuestra propia historia de vivencias y experiencias para conocernos mejor y poder predecirnos y predecir mejor nuestras relaciones antes de llegar a las decepciones y frustraciones que ellas  nos causan. Pero mucho del conocimiento que de nosotros mismos tenemos y del que juzgamos en los demás están unidas indefectiblemente a los sentimientos. Las cosas no son tan simples como eso de “si quiero, puedo” (aunque escrito queda muy bien). Nuestra capacidad para enfrentarnos a lo negativo es realmente sorprendente pero a menudo lo ignoramos  seguramente por que nos ignoramos a nosotros mismos. En nuestro mundo de relaciones operamos siempre con dos tipos de actitudes; las que se orientan en razones y las que se orientan en sentimientos. .somos mas eficaces cuando nuestro optimismo supera al pesimismo, eso afecta a nuestra salud y en definitiva a nuestro bienestar y mucho de ello tiene que ver con lo receptivos que somos a nuestro entornos, amigos, familia, compañeros,…….. a lo dependiente o interdependientes que somos .Todos estamos cerca del negativismo de   quien piensa que algo es imposible y no solo lo piensa sino que dificulta que  lo intentemos.
Con todo, el autoconocimiento y el optimismo es un factor más que importante alrededor de nuestra autoestima pero seamos sinceros, el optimismo irreal (como el orgullo del que en mayor o menor medida todos hemos sido victimas alguna vez) suele ser la piedra en el camino que predispone a la caída en picado. Un poquito de pesimismo preventivo no de falsa humildad a veces nos viene bien para las consecuencias del optimismo irreal. El éxito de nuestras decisiones dependen siempre de nuestro optimismo que es el que da vidilla a la esperanza y a creer en nosotros mismos y en nuestras metas pero requiere igualmente de la pizca de aliño del justo pesimismo para alimentar al primero y dedicarle la atención necesaria .
Pasaban las horas y arrastrados en las profundidades de nuestra conversación dejamos de percatarnos de que la clientela que había en el local ya no era la misma, las únicas tazas de café y té vacías eran las nuestras y el resto de las mesas se decoraban con cañas de cerveza que ya daban un aire y ambiente distinto al local. Había comenzado a lucir  el neón de los plafones que privaba de sombras el lugar. En un  intento inconsciente y  compartido por regalar los últimos instantes a la conversación  Julia me dijo:
-Ya he pasado en otra ocasión por aquí, reconozco el camino y creo que puedo encontrar la salida.-
Creo que la salida a las decepciones, le respondí, es siempre doble, por una parte nos ayuda a conocernos mas  y por ello a conocer más  y juzgar mejor  a los demás , personas y situaciones, y por otra , cada vez que superamos una decepción aprendemos para no repetir el itinerario que nos llevó a la primera o a la anterior. Cada decepción es una ocasión para aprender y para construirnos, oportunidades que encienden miles de luces a tu alrededor y te dejan ver detalles que pasamos por alto cuando tomamos decisiones o albergamos ilusiones. Pero tan malo es no aprender como generalizar que es el efecto más nocivo del mal aprendizaje.
-En…fin…..me interpeló de nuevo. A quien creo que estamos decepcionando es al camarero que sin duda esperaba que consumiéramos algo más-
-Si, le dije, pero en su caso no acabará de aprender por que no lo necesita, conozco a Francisco, el sé conoce a si mismo, conoce el negocio y conoce a los clientes así que no cede espacio a falsas expectativas: sirve lo que le piden y cobra. Su decepción estaría en no poder cobrar.

¿Quienes somos, como somos?



Transcurrieron pocos minutos, que cuando espero solo, se me hacen horas hasta que escuché el sonido de la puerta. La luz que atravesaba la cristalera no deja ver los detalles pero por la silueta la identifiqué inmediatamente. Con agilidad  se acercó a la mesa acompañada de la banda de música de sus tacones; después de buscarme entre la gente, me levanté  y nos saludamos, cruzamos un par de besos y como si de un manual de procedimiento se tratara nos distanciamos al unísono medio metro para comprobarnos físicamente como preámbulo al protocolario “¡¡ que bien estas!!”  Que en su caso mas que protocolario era evidente  Pidió un té verde, como siempre y después de interesarnos por todos los conocidos, chascarrillos, novedades, comentarios y bulos  y de dar un vuelo rasante y rápido por el tiempo transcurrido comenzamos a compartir experiencias, a ponernos al día como se suele decir.
Adentrados en el motivo real de su inesperada visita uno tiene la sensación de que al compartir situaciones aligeras el peso de las emociones, sensaciones y dificultades   que acarrean. El último proyecto de Julia no había sido el mejor y no hacen falta ser muy avispado para empatizar con situaciones y detectar que una de las peores sensaciones es la errónea decepción con uno mismo.
A menudo, muchas de esas situaciones provienen de decepciones a las que se suma nuestra sensación de indefensión o de abatimiento por la cascada de contradicciones que nos acarrean y la aversión implícita que nos reportan cuando asumimos que tomamos una mala decisión. Eso si, la decepción tiene el valor de un mal consensuado que parece que atempera sus efectos y nos inhibe de la capacidad de análisis ;  todo el mundo ha sido objeto o víctima de decepciones  en cientos de aspectos de la vida; amistades, relaciones afectivas, laborales, económicas ,familiares… con lo cual “mal de muchos consuelo de casuales” pero no es menos cierto que a veces , con mas frecuencia de la que pensamos dejamos de recapacitar en por qué hemos llegado a la decepción que también muchas veces elevamos a la categoría de frustración. Para ello solemos tomar el atajo de descargar el origen y la causa en los demás fruto de un mal concepto de nosotros mismos y un análisis defectuoso y equivocado de quienes somos y como somos, qué necesitamos y que buscamos.
Precisamente la respuesta a quien soy  define nuestro autoconcepto,  como nos vemos a nosotros mismos  y esas formas estructuran e influyen el modo en que vemos a los demás, como las percibimos y como las juzgamos.  En nuestras decisiones y en nuestra conducta y en cada relación  solemos valorar y juzgar antes a la otra persona se trate del proyecto que se trate Si no nos conocemos bien juzgaremos mal.
Cuando juzgamos la actuación de algún otro a menudo lo hacemos comparando  con nosotros mismos. Pero lo importante es conocernos bien, hasta que punto nos conocemos bien por que, a menudo, este  autoconocimiento es erróneo y por tanto nos lleva a juicios erróneos de los demás e incluso, también con frecuencia, los errores en nuestro autoconocimiento nos hacen desgraciadamente no saber realmente qué nos hace o no felices que en cualquier caso es lo que realmente buscamos.
Nos equivocamos al  predecirnos a nosotros mismos en muchas situaciones, llegando  a sorprender a  los demás e incluso a nosotros mismos. En las conversaciones sobre nuestras expectativas afectivas  ¿Cuántas veces hemos oído a nuestros amigos/as decir…” a mi me gustaría encontrar a alguien que me sorprenda?, pero no sabemos ni nosotros mismos en qué., ni como….o simplemente esgrimimos situaciones pintorescas o puntuales que con el tiempo no aportan garantía de felicidad.
Solemos equivocarnos mucho en la vida cuando nos atrevemos a predecir nuestra relación con alguien: relaciones afectivas, económicas, sociales., en cualquier caso de emprendimiento. Solemos entonces aplicar la lente de color rosa cuando nuestras expectativas a veces sin fundamento nos llevan a cambiar la necesidad por la realidad y al contrario. Lamentablemente muchas veces nuestro entorno más cercano  saben más de una de nuestras relaciones o de algunas, que nosotros mismos y eso nos suele gustar bastante poco por que nos lleva a la necesidad de aceptar que no nos conocemos como debiéramos.

Decepciones y ocasiones (l)



Habíamos quedado en la vieja cafetería cercana a  la plaza. Curiosamente esta vez llegué antes, suelo ser un desastre en eso de llegar a la hora acordada, debo de reconocer que mi puntualidad está más cerca del estrecho de Gibraltar que del Canal de la Mancha  por aquello de la puntualidad británica y  para determinado tipo de cosas . Tendré que hacérmelo ver por que los demás ya dicen que lo ven  a pesar de lo cual convivo con ello y siempre encuentro la excusa perfecta y la complicidad de los que me esperan para salir airoso.
. Hacia mucho tiempo que no pasaba por aquí, la estampa parecía la misma de siempre: las viejas mesas de forja y mármol ya pajizo por el tiempo, los cuadros en blanco y negro  que decoraban las paredes en nogal, la solería ajedrezada a juego con las mesas, las sillas  (incómodas también como siempre) y el antiguo mostrador de madera salpicada de quemaduras de pitillos de aquellos años en los que el ambiente se cargaba de humo de tabaco, olor  a café y tertulias altisonantes de la clientela. Junto a la puerta una amplia cristalera decorada con amplios visillos recogidos en los laterales   la separa del exterior y a la vez que llena todo el local de luz regala unas vistas preciosas de todo el entorno y de las gentes que por allí pasean. Al entrar pude saludar a Francisco, el incombustible dueño que lo regenta, y  que con expresión de sorpresa me lanzó un -“¡¡Hombree!!”- nada más atravesar el dintel, sorprendido y contento por mi visita. Años atrás le conocí cuando trabajaba en las inmediaciones  y tomaba con prisas los cortados matinales.  Persona de apariencia ruda pero simpática, cercana, discreta y educada como pocos. Un extremeño que dejó su pequeño pueblo con 16 años, que se hizo a si mismo y que cuando te contaba sus batallitas dejaba helado el café, sin duda por el tiempo que empleaba y por la intensidad de sus experiencias. Siempre recordaré una de sus frases, un clásico en su abanico de expresiones y refranes: “en esta vida está tó inventao” en una alusión eterna a que todo cuanto sucede ha sucedido ya antes y volverá a suceder después.
Tras el saludo de cortesía y las preguntas de rigor le pedí  un café y tomé asiento en la única mesa disponible. A mi alrededor era espectador de las más variopintas tertulias y clientela incluida la pareja joven que a mi espalda y ajena a mi llegada me convertían en testigo de sus flirteos. El reparto lo completaba un niño de no más de 4 años que con agilidad y velocidad sorprendente recorría mesa tras mesa saludando con la ingenuidad y el gracejo propia de la edad  mientras la que parecía su madre corría tras él en un infructuoso intento de oferta de pastel de chocolate en la mesa que al pequeño no parecía atraerle nada.
Así fue como me dispuse a esperar a Julia, una vieja amiga, de las pocas de siempre que por esas fechas pasaba por  aquí y que  me había llamado para volver a vernos y poder charlar. Hacia tiempo que no sabia de ella a pesar del mensajeo intrascendente en que nos prodigamos y, con sinceridad, me había llamado la atención que últimamente me repitiera que teníamos que hablar. Creo que nos conocemos mucho, es de esas amistades que saben compartir problemas, dificultades, alegrías, sinsabores y consejos, felicidad y decepción y sobretodo discreción. Había dejado una relación hace un año y sé que andaba en otras ilusiones y proyectos.

Vitalista, alegre, positiva y emocionalmente muy estable a quien no le faltaba ese toque de encanto personal con que la naturaleza dota a algunas personas o ellas mismas nos llevan a mirarlas con determinados ojos a falta de conocerle más y mejor y fuera de hipocresías. Romántica, en apariencia resolutiva y calmada que en realidad no es sino la coraza de hojalata del flan que lleva dentro.

sábado, 2 de marzo de 2013

Hoy, como tantas veces



Hoy, como tantas y tantas veces, he vuelto a pensarlo. Si, como tantas veces. Como otros días aproveché una tarde nada apacible, fría y húmeda de este largo invierno para pasear pero esta vez me apetecía solo eso, pasear conmigo mismo, dejar mis ideas volar, cazarlas al vuelo como mariposas y compartir tertulias con ellas en lugar de desafiar al cuerpo y los músculos en un duelo casi sin sentido para moldear semejanzas a lo George Cluny y empaparme a la vuelta en un espeso sudor que ofrecer en sacrificio al altar de  una relajante ducha. No me apetecía nada esa idea.
 Tras la ventana, casi empañada,  adivinada el viento suave y gélido que desafiante y desalentador me esperaba junto al piso mojado que había dejado lo que parecía una escarcha tan solo unos instantes antes.
Pero hoy tenia ganas de pasear y esta vez no me apetece deporte…. Suelo hacerlo por un camino cercano a solo unas calles de casa, pronto te deja adentrarte en la naturaleza sin aditivos,  poco transitado y…..en tardes como estas a duras penas si te puedes cruzar con alguien excepto a los asiduos que con método griego y puntualidad británica devoran dos horas de cada día al paso, trote y galope el recorrido de ida y vuelta de la vieja vía.. Así que me pertreché, nunca mejor dicho, debidamente y salí de casa. Mi abuela lo hubiera tachado de locura o seguramente hubiera susurrado aquello de “palos a gusto no duelen” con esa peculiar indiferencia insinuante.
 Poco a poco me adentraba en la pequeña arboleda que abre la puerta a una extensa vega por donde discurre su trazado; al fondo adivinaba el gris en mezcla con añiles penitentes que amenazaban mis intenciones y a mi alrededor los verdes intensos que ya había comenzado a regalar un invierno especialmente húmedo, salpicado del blanco de  los primeros brotes de  almendros en flor. En el ambiente las bajas temperaturas habían comenzado a calar los poros de la escasa piel de la cara que mi bufanda dejaba entrever mientras una tímida brisa jugaba en mi cabeza peinando acá y allá según el trayecto, a su antojo. Paso tras paso, lento, pausado y ágil  trataba de esquivar con mayor o menor acierto los pequeños charcos que adornaban la mezcla de piedras y tierra henchida de agua de un camino maltrecho ya sin duda por las continuas lluvias y el trasiego de vehículos a las fincas de cultivo cercanas. Junto a mí, el silencio sin más, conmigo casi el eco de la nada.

Nuestro diario



Y sin saber, abstraído en mi entorno y en mi interior transcurrieron los minutos, los pasos y dejé discurrir mi mente  entre recuerdos: instantes y personas que dejé atrás amistades, familia y conocidos que conservo, encuentros y desencuentros que definen la vida, que moldean  los años, el carácter, la personalidad, los acontecimientos mismos y las ideas. Todo lo que hemos sido, somos, queremos ser y seremos…..experiencias en fin que de una forma u otra algún día quisimos contar y nunca contamos, sueños, fracasos e ilusiones, decepciones, aciertos, alegrías, momentos de felicidad , tristezas y éxitos que inundan nuestro conocimiento regado de experiencias. ¿Cuántas veces  hemos compartido alguna de ellas con alguien a quien queremos o apreciamos o simplemente nos quiso escuchar?, ¿Cuántas veces  hemos aconsejado describiéndolas para mostrar itinerarios andados en un intento de generalizar modelos y homologar actitudes? ¿Cuantas veces hemos necesitado consejo o hemos buscado el consuelo en palabras de quien ya vivió esas horas?, ¿Cuantas veces dejamos conversaciones en eso….en aquella conversación y aquellas palabras que murieron en ellas mismas?,¡ Cuanto hemos dejado de oír o de leer cuando lo necesitábamos¡ y lo peor : ¡que poco nos gusta escuchar, detenernos a ver, a oír ,a leer, detenernos a aprender ¡….. por que todos tenemos que aprender, todos necesitamos aprender y  por que todos tenemos algo que enseñar, que mostrar, que decir, Nos sorprenderíamos si cada uno de nosotros tuviéramos un blog, un cuaderno de bitácora donde escribir, narrar, dejar nuestras experiencias, recuerdos, emociones y sensaciones ,lágrimas y sonrisas o simplemente aquello que hemos aprendido o necesitamos compartir.
No hay nada más intenso que la vida misma ni nada mejor que compartirla.

Felicidad en nebulosa



Nos sorprendería descubrir hasta qué punto somos tan iguales y tan diferentes, hasta qué punto buscamos y deseamos “lo mismo” aún por caminos distintos y aún hasta qué punto discurrimos por idénticos lugares.
En mi paseo, abstraído de la tarde y de las horas divagué por los vericuetos de nuestras necesidades tremendamente minadas y desatendidas en estos tiempos y profusamente olvidadas en la sociedad “que nos hemos dado” convirtiendo en hoja de ruta la letra del viejo tango de cambalache para invertir en un juego macabro y sinsentido de trileros la estructura de nuestras necesidades humanas en un engranaje de ambiciones capaz de devorar principios, razones y tergiversar emociones.
Y  así fue como mi “paseo interior” me acercó a los acantilados de la “indignación” (centro moderno de habitual peregrinación y romería)  adonde  mueven a su antojo las desatenciones de la más básica necesidad ,la ausencia de sentido común, el populismo, la palabrería y demagogia en una sociedad sin liderazgos ni gestores donde aparece como cierto que “el más tonto hace relojes” y “casi nada es lo que parece” ,donde la sensación de justicia ,a falta de devotos, es procesionada en chasis mamotrético a motor de cilindro y medio por una multicolor clase política que esculpió la “santa cena que lleva encima” acompañada  por los sones de una banda cuya partituras difieren entre si, lejos de principios y valores , dignidad y honestidad  exultando al unísono ritmos de pasodobles, chotis ,jotas y sardanas con que confundir al auditorio por temor a  que alguna flauta desentone e invocando el bolero del sentido común , los ratones la sigan.
Frente a decepciones y frustraciones personales o sociales poseemos capacidad personal para sobreponernos a la adversidad: el deseo,  el anhelo, la fuerza, el empuje y la motivación para flotar y salir de las arenas movedizas con que la vida nos sorprende en este o en cualquier momento y la búsqueda constante de la satisfacción de nuestras necesidades mínimas y no menos importantes de estima y autoestima que son el eje y motor de todas las demás y la llave, sin duda de la búsqueda de la felicidad.

Desandar lo andado



No se trata solo de buscar el sol entre la nubes si no de orientarse correctamente para saber por donde sale cada día convirtiendo así ese día en una oportunidad para ver la luz y el momento correcto para comenzar que es simplemente cuando uno cree en si mismo, en sus habilidades, destrezas, motivación , competencia , determinación y objetivos. Tenerlos claros nos dará siempre la oportunidad de compartirlos y convertirlos en metas de equipo en lugar de lamentarnos disparando por elevación para convertir lo necesario en lo deseable y ahogarnos en utopías.

Adentrado en las profundidades de mis  emociones y razones, la luz de mis reflexiones comenzaba a compartir tono  con el ocaso de la tarde aún cuando los días comienzan a ser más largos. Aquellas “finas y frías” gotas de lluvia me devolvían a modo de despertador a la realidad. Giré entonces  la mirada y contemplé en la lejanía las primeras luces de la ciudad  en medio de una tenue neblina de espectro londinense. Mis dos paseos se habían acabado y ahora tocaba agilizar el paso y desandar lo andado (como en la vida misma) animado por aquellas  gotas que enjugaban mi cara y  que en progresión inversa jugaba con la luz a la que mis pupilas se iban adaptando para adivinar el beige del camino entre  los albores de la noche y el crepúsculo. Mis únicos pensamientos estaban ya en sortear las dificultades del terreno, esquivar las zahorras y evitar aquellos pequeños charcos que comenzaban a parecer ser más de los que encontré en mi ida y a los que solo identificaba por el chasquido de mis zapatos o el leve reflejo que en ocasiones me regalaban a modo de “bonus” de ciberjuego. Los minutos parecieron correr de una forma inusual y aún así ya había comenzado a notar no solo la humedad en mi calzado sino el calado de mis ropajes. Pronto atravesaría de vuelta la pequeña arboleda y me adentraría en las calles donde la luz volvía a brindarme seguridad para alcanzar mi meta. Estaba claro que mi paseo de vuelta no había sido justo lo que quería sino más bien lo que no buscaba; un juego de obstáculos contra reloj que como gincana  me había vuelto a poner a prueba. Entrando en casa me reencontré con el calor del hogar, eso que no echamos de menos hasta que no nos falta. Así me dispuse a despojarme de todo, a ducharme pero esta vez con agua caliente y a ponerme cómodo .Hice a la lavadora mis últimos encargos y coloqué a secar algunas de mis prendas, víctimas necesaria de la desapacible tarde y de la experiencia consciente y mal calculada.

lo pequeño y lo grande




Sonámbulo entre mis inquietudes y ajeno a las propuestas de la “caja tonta” (televisión) opté por regalarme unos minutos de portátil para acceder a mis correos en esa fórmula ya cotidiana  de “cordón umbilical” con nuestro mundo social con el que compartimos tantas y tantas “cosas” de nuestra vida en forma de chascarrillos, comentarios, noticias, informaciones, humor  y los continuos “PowerPoint” con los  que en ocasiones no dejamos de sorprender al desear o simplemente compartir incitando nuestra atención en una formula de peculiar atractivo que suele conectar lo lógico y evidente con nuestro sistema límbico :razón y emoción en el mismo pack.
Encaminándome al ocio antes de la cena y en un alarde de introspección sin precedentes volví a reflexionar sobre mis pasos y casi entraba en bucle al descubrir, salvando las distancias y los abismos, las enormes semejanzas entre aquella tarde y la vida misma , los parecidos proporcionales entre la ontogénesis de nuestros días y la filogénesis de nuestra vida , en los paralelismos entre las vicisitudes de nuestro día a día y las etapas de nuestra vida , en nuestras capacidades para afrontar pequeños problemas puntuales o dificultades cotidianas :relaciones, vida, trabajo,….y las que disponemos a veces sin saberlo o sin conocer el cómo ,para afrontar estadios adversos de nuestra devenir : resolución, entrega, constancia ,esfuerzo que es sacrificio y autoestima.
Hoy, como tantas y tantas veces, he vuelto a pensarlo. Si, como tantas veces. Como otros días aproveché una tarde nada apacible, fría y húmeda de este largo invierno para pasear pero esta vez me apetecía solo eso, pasear conmigo mismo, dejar mis ideas volar, cazarlas al vuelo y compartir tertulias con ellas…y fruto de estas horas , que en forma de boceto de un lienzo por pintar os dejo ,decidí iniciar este blog sin ninguna otra pretensión que la utilidad y el sano y sincero deseo de compartir que creo que es donde radica el valor de todo cuanto atesoramos y disfrutamos ,sentimos , amamos y sufrimos.
Creo enormemente en “el lado bueno de las cosas”, eso me mueve,  por que todas lo tienen ; observar, saber mirar, descubrirlo y familiarizarnos con él es el primer paso para construirnos, para aceptarnos, para reconstruirnos, para reinventarnos y para ser cuanto queremos ser: sencillamente felices.